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Aunque en El Salvador el agua no escasea, casi el 60% de la población rural no tiene acceso a agua confiable, lo que obliga a mujeres y niñas a caminar largas distancias para abastecerse, o pagar altos precios, por agua
de dudosa calidad. En las ciudades, el agua casi nunca falta en barrios ricos, donde las piscinas son comunes; mientras, en zonas pobres, el agua cae pocas horas al día o sólo en la noche, multiplicando el gasto que, en ocasiones, llega hasta el 10% de los ingresos familiares.
A través de historias cotidianas,"Desidia Crónica"documenta las fallas de un sistema no regulado, que premia el derroche y permite el acceso desigual, situación que demanda pronto atención al derecho humano al agua en El Salvador.